Max Mara se sumó esta semana a los desfiles reflexivos sobre el actual momento de conflicto que se vive en todo el mundo, con fuertes divisiones sociales y políticas, además de guerras y actos de terror. Parece ser de alguna manera el tono que recorre la Semana de la Moda de Milán.
El director creativo Ian Griffiths dijo en declaraciones relevadas por AP que los looks bien confeccionados con capas de piel de oveja o acolchadas se podían usar «para marchar por los páramos de Yorkshire o dormir bajo un arbusto. Aunque, por supuesto, es más probable que esta mujer marche por los pasillos del poder«.
“Es el momento en el que esta mujer, que se ha estado esforzando a través de la lógica fría para ascender en la escala corporativa durante todos estos años, se ha estado negando a sí misma esta pasión interior, y con el mundo como está, simplemente tiene que encontrar una expresión para ello”, dijo Griffiths.

Sin dudas fue una de las colecciones más elegantes, clásicas y abrigadas de la semana de la moda italiana, con el cashmere como protagonista en casi todos los tipos de prendas sin prejuicios: abrigos, monos, vestidos con capa y cuello en media polera, musculosas y monos, todos con escotes generosos.
Faldas amplias y pantalones de pierna ancha que se ajustaban firmemente a la cintura, al igual que los abrigos sin botones y mangas casi japonesas.
El monocromo también se sumó como eje organizador, en grises, borravinos y camel. La innovación, que no suele ser el fuerte de la marca, quizás fue el punto débil en una colección que pese a eso dejó una marca y se hizo un espacio entre las mejores de la temporada.
Los complementos fueron protagonistas sobre todo por los cinturones anchos y fajas de cuero en la cintura alta. También medias hasta el muslo en los mismos colores, sin desentonar en el monocromo ni una vez.